
EL JARDÍN DEL PRÍNCIPE
Dicen que el concierto de Aranjuez, es la composición más bella jamás escrita, un canto a la belleza, al amor, a la esperanza, un remolino de sentimientos.
No cabe duda, la melodía es el retrato más fiel de Aranjuez y sus jardines. Porque Aranjuez es melodía y poesía, un lugar para perderse entre árboles y el susurro de las hojas agitadas por el viento, entre un borboteo de fuentes, trinar de pájaros y hasta el graznido de alguna oca entrometida o recelosa, un lugar para conversar en silencio, para perderse y quizás hasta reencontrarse.
Y es un Jardín, el del Príncipe, con un río, el Tajo, que en su manso paso acaricia la ribera, uniendo el suave rumor de sus aguas al de las fuentes, mientras regala frescura a los árboles.
El paseante, encuentra este Parque -entre la Calle de la Reina y el Río Tajo-, que fue ideado por el Príncipe Carlos IV para su disfrute y al que da forma uniendo otros jardines ya existentes, a la vez que remodela, amplía y levanta nuevas construcciones, naciendo este Jardín del Príncipe. El Jardinero elegido para esta insigne tarea fue Pablo Boutelou, jardinero francés que viene a España con los Borbones, con Felipe V, quien lo nombra jardinero mayor del Real Sitio de Aranjuez.
Su acceso principal es por la Puerta del Embarcadero, obra de Juan de Villanueva, desde la que sus 150 hectáreas se extienden entre el Tajo y la Puerta de la Reina, siendo el Jardín vallado más extenso de Europa, además de Patrimonio de la Humanidad desde el año 2.001.
Esta puerta del Embarcadero o Puerta del Príncipe, está compuesta por columnas jónicas, rematadas por un tejadillo con jarrones florales y unos amorcillos. Originariamente, en el interior de las columnas se encontraban la estatua de Pomona diosa de la fruta, los árboles frutales y las huertas y la estatua de Minerva, diosa de las Artes y la Sabiduría, aunque también de la guerra.
En la ribera del río aparece el embarcadero real, con sus escaleras, plataforma de embarque y las garitas de vigilancia, pudiéndose contemplar también las casetas reales.
Aparecen los restos del antiguo castillo, que siguió siendo utilizado como despensa y nevera, donde guardar alimentos, caza y cereales, todo aquello que gracias a los gruesos muros podía conservarse en mejores condiciones y por más tiempo.
En estas orillas, se mantuvo un grupo de personal de la Armada, la llamada Escuadra del Tajo, con la misión de marinar, conservar y proteger las falúas reales, aquéllas en las que los reyes navegaron como divertimento, desde el Austria Carlos II por el Retiro, hasta Felipe V y los siguientes borbones, en Aranjuez. Parece ser, que sobre estas falúas Farinelli, el último castrati, aliviaba con su virtuosidad la melancolía del rey.
La antigua Casa de Marinos, destruida por el ejército Napoleónico, donde hoy se encuentra el Camping Internacional Aranjuez.
Dentro del recinto, se puede visitar el Museo de Falúas Reales y la Casa del Labrador, esta última continúa cerrada y con suerte, el próximo año 2.023 quizás se abra de nuevo al público. Son las cosas de Patrimonio Nacional.
El Tajo, siempre presente, compañero inseparable de los jardines.
La Fuente de Narciso, de Joaquín Dumandré, se ubica en el denominado jardín "anglochino", debió ser restaurada tras la invasión de los bárbaros napoleónicos. Narciso se encuentra acompañado por el perro fiel y un pavo que simboliza la vanidad, no en vano, la fuente representa a quien representa. Abajo, cuatro atlantes parecen sostener el conjunto.
La Fuente de Apolo, conjunto arquitectónico y escultórico, mandada crear por Carlos IV, en mármol de Carrara, copia de la del Palacio de la Granja. El Dios de la belleza sobresale sobre las rocas, y en su parte posterior 6 patos sobre columnas. Dos torres laterales cierran el conjunto, rematadas por unos niños que sujetan una copa, con un pez en cada una que sirven de surtidores.
Estanque de los Chinescos, al que también se puede acceder por la Puerta Redonda. Obra de Juan de Villanueva, es un conjunto arquitectónico diferente, compuesto por un lago artificial, de forma irregular y tres islotes.
Se puede contemplar el templete neogriego, con ocho columnas de estilo jónico, un peñasco ficticio con la pequeña gruta de donde mana agua y el obelisco. Quizás lo más llamativo sea el pabellón o quiosco chino.
Los árboles, el agua, la belleza y la calma del jardín se integran, conformando una armonía extraordinaria.
Concierto de Aranjuez, con el maestro Rodrigo al piano.
