
Castillo de Loarre II
03.11.2022
A cada paso, aflora la roca de la montaña, que que por más de un milenio ha sido el soporte y a la vez pedrera, de esta excepcional fortaleza, que la tenacidad de unos reyes, el trabajo de maestros canteros y el esfuerzo del pueblo, lograron lo que tiempo atrás, parecía una quimera, levantar el castillo de Loarre. A lo lejos, puede contemplarse su mole, compacta y marcial, sobresaliendo la torre del homenaje, una antigua torre albarrana de tiempos de Sancho III el Mayor, de estilo lombardo, en sillarejo.


Un ingenioso laberinto de pasadizos, desniveles y empinadas escaleras, consiguió acomodar tantas y diferentes estancias, en un emplazamiento tan difícil, como este espolón de montaña. A la vuelta de uno de ellos, aparece la Torre de la Reina, con su planta rectangular, 24 metros y tres pisos. En su primer nivel, se abren tres aspilleras, dos ventanas doveladas en el segundo y en el último, tres ventanas geminadas. El almenado es de época más reciente.
La Torre del Homenaje, de 31 metros de altura -en origen tenía cinco plantas-, proyecta su sombra sobre lo que en tiempos, fuera el antiguo
cenobio de los agustinos. Los arcos de medio punto y las ménsulas, arrancando desde los viejos muros, sostenían las vigas, el entarimado, que en dos niveles formaban las dependencias monacales. La celda del abad, probablemente sería la abovedada en piedra, en atención al rango y dignidad del cargo, aunque hay quien opina, que en ocasiones, serviría como dependencia real.



En la parte más alta, se encuentra la zona antigua, primigenia del castillo, con el patio de armas y la primera Iglesia, la de Santa María de Valverde, construida en el siglo XI, por el Rey Sancho Garcés III, apodado el Mayor. Consta de una




