Castillo de Buñol

10.10.2023

   Desde la capital valenciana, en tren mediante la línea de cercanías C3, se puede llegar a Buñol en una hora y diez minutos, siempre que no haya uno de los habituales y típicos retrasos. Esta población se encuentra a 400 metros sobre el nivel del mar, en la zona central de la Comunidad Valenciana y en la comarca de su mismo nombre: la Hoya de Buñol. Es aquí también aquí, es donde comienza una zona montañosa, que no cesa hasta llegar a la conocida como Plana de Utiel-Requena, lugar donde la orografía se concede un leve descanso.

   El nombre de Buñol se asocia inmediatamente a la Tomatina, la ya internacional fiesta del lanzamiento de tomate que tanto motiva y atrae a locales y extraños (y si hay alguna duda, que se lo pregunten a los japoneses). Pero la localidad también es famosa por sus bandas de música: la Armónica y la Artística, o "el litro" y "los feos", como popularmente se les conoce. De ellas y de su rivalidad — musical por supuesto—  se hablará en otro momento, quizás aprovechando uno de sus memorables "mano a mano".

   La ruta hacia el castillo es fácil. La Plaza de las Ventas se divisa a poco más de 100 metros de la estación de trenes; en este tramo el terreno todavía es llano y la señalización ayuda al caminante a tomar la dirección correcta, bien sea hacia el Barrio Antiguo, el Castillo o la seductora ruta del agua.

   Desde este punto, no hay mucha distancia, pero eso sí, de llano tiene poco. Desde la Plaza al Castillo, todo es cuesta abajo e incluso hay algún tramo de escaleras, según se vaya por la izquierda o por la derecha; pero con la debida calma, todo se alcanza. El problema surge al regreso, pues la cosa se invierte y se torna cuesta arriba lo que antes era bajada. Queda hecha la advertencia.



   Asentada sobre las dos peñas que la sustentan, la fortaleza de Buñol —el antiguo 'Al Bunyul' almohade, erigido sobre una estructura previa de origen romano— sirvió como plaza fuerte musulmana, permaneciendo ocupada hasta que el Rey Don Jaime la tomó de forma definitiva en 1238, durante la Reconquista.

Finalizando la bajada y tras asomar por una esquina, aparece el profundo foso de origen natural. Este se salva mediante un puente —quizás levadizo en su día— que conduce hasta la puerta de la torre central, hoy en día sin reja, lo que facilita el fácil acceso a un gran patio de armas, donde todavía se asientan y son habitadas algunas viviendas particulares. Esta situación es una consecuencia más de aquellos tiempos pasados y de olvido institucional, épocas en las que el recinto a veces fue cedido y, otras ocupado por vecinos que se aprovecharon de sus muros o, peor aún, de sus piedras.


   Dos torres almenadas, de menor tamaño, flanquean a la de la entrada. Las tres poseen elementos del gótico valenciano, como claramente dejan ver la cantería y los característicos arcos de ojiva. Solo dos son visitables, ascendiendo por una escalera de hierro.

   El Castillo está formado por dos recintos en los que claramente pueden distinguirse dos fábricas y materiales diferentes. 

   Desde la Plaza de Armas, es preciso cruzar un paño de muralla, un segundo foso con su puente, y un pasadizo abovedado que, atravesando la torre del homenaje, conduce hasta el segundo recinto. Allí se erigía la residencia del señor del lugar, dignidad que en los últimos tiempos ostentó la familia Mercader, hasta que, en 1835, los vecinos lograron liberarse del señorío.


  Y ahí, es donde se levantaba el palacio gótico —residencia de los señores— y la iglesia del Salvador. De aquella estructura palaciega y sus tres plantas originales, únicamente se conserva la llamada «Sala del Oscurico« , en la que destacan cinco arcos diafragmáticos; un espacio que hoy en día funciona como sala de exposiciones. Por su parte, la zona del palacio renacentista actualmente alberga la oficina de turismo y el museo arqueológico.


Museo Arqueológico. En su interior se encuentra el antiguo Pozo Noria.

   La Iglesia del Salvador, del siglo XIV, se asienta sobre una antigua mezquita. El techo es de bóveda de medio punto, con dos arcos fajones. En época posterior fue reformada en estilo barroco, estilo hoy en día prácticamente inexistente por mor del abandono y ocupaciones sufridas. Mantiene seis lunetos, pequeñas bóvedas secundarias, de uso frecuente en el Barroco y que sirven para aumentar la iluminación interior. Dos de ellos conservan parte de aquella decoración, destacando las columnas salomónicas. Hoy funciona como Museo Etnográfico.


Contiene una muestra de los oficios tradicionales y sus herramientas, así como objetos y utensilios de la vida diaria.

   En la zona Sur, se encuentra la Torreta, que da a la calle Mallorquines, nombre que le viene dado porque antiguamente Buñol fue repoblado con mallorquines; es esta una antigua torre albarrana, que en origen estaría separada, vigilando y comunicando con la parte baja de la población. Sobresale su matacán, elemento propio de la defensa y la ventana bífora o geminada.

   El emplazamiento de la fortificación, permitía controlar la población y observar cualquier movimiento, que hubiera kilómetros arriba y abajo de Buñol.


   El castillo constituye una privilegiada atalaya desde la que disfrutar de una magnífica puesta de sol sobre el pueblo de Buñol. Una vez ahí, merece la pena esperar hasta el anochecer, cuando las luces se encienden y la fortalece resplandece, mágica y grandiosa, como en sus tiempos más gloriosos.


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