Canfranc Estación

08.11.2022

   A 4 kilómetros de Canfranc-pueblo, aparece Canfranc-Estación, un lugar que con apenas un siglo de existencia, ha sido testigo de tiempos convulsos, cambios políticos, crisis económicas y hasta de una gran guerra. Lugar de paso de oro y wolframio, hervidero de espías, conspiraciones y huídas. Escenario de lo mejor y de lo peor, que el ser humano es capaz de hacer, por y en contra de sus semejantes.

   Podría decirse que la historia de este emblemático lugar, comienza un día 19 de Noviembre de 1853, con el "Manifiesto de los aragoneses a la nación española", llamamiento con el que Aragón se hacía presente, reivindicando su existencia y exponiendo las ventajas de una conexión férrea con Francia, frente a las otras dos opciones planteadas. Más que llamamiento, un grito, para que su destinatario, el pueblo español, volviera los ojos hacia Aragón.

   Ese es el arranque de un lento y largo proceso burocrático, que entre declaraciones de intenciones y convenios  por parte de las dos administraciones, se prolonga en el tiempo, hasta que en 1885 -nótese el tiempo transcurrido-, se firma el Convenio para impulsar las conexiones entre España (Canfranc) y Francia. Aun así y todo, la incertidumbre y las dilaciones se mantienen, no siendo hasta 1907, que el acuerdo contemple el establecimiento de la Estación Internacional en el término de Canfranc. Las obras del túnel -con una longitud total de 7.875 metros-, inician al año siguiente, terminando la perforación en 1.912, aunque su finalización total no será hasta el 21 de febrero de 1.915, lo que supone el espaldarazo definitivo para la línea, pues con él se supera la eterna barrera de los Pirineos, quedando uniendo ambos lados, Les Forges d'Abel (Francia)  y Canfranc.


   

   En este valle por donde discurre encajonado el río Aragón, se construirá la estación internacional de Canfranc, símbolo del progreso y de una nueva etapa para Aragón, la luz al final de un túnel, nunca mejor dicho. La tarea no es sencilla, porque el valle y las montañas que la rodean destacan por su belleza y majestuosidad, pero también por el peligro que representa para el proyecto. v

cuya belleza y majestuosidad rivalizará con la de su entorno, a la vez

,  símbolo además de  simbolizando el comienzo de una nueva etapa para Aragón, la luz al final de un túnel, nunca mejor dicho.

   Tarea nada sencilla, porque el valle y sus montañas circundantes, no destacan solo por su majestuosidad, sino también por el peligro que representan, a causa de su gran altura y pendientes muy inclinadas, que en la época, aparecían afectadas por la erosión de la lluvia y la nieve, con frecuentes deslizamientos y aludes. Si a esto se le une un valle angosto, con un río en su fondo, el problema está más que servido.


   Desde ese momento, en el paraje de "Los Arañones"-nombre original de la zona-, se origina una actividad hasta entonces nunca vista, la magnitud del proyecto, requiere intervenir no solo en el emplazamiento donde se ubicará la estación y sus edificios complementarios, sino también en los aledaños, así nacerá un nuevo poblado para morada de los numerosos obreros, funcionarios, comerciantes y desde luego, de los viajeros que se espera transiten de un país al otro. Pero no queda ahí, porque la sorprendente belleza y espectacularidad del lugar, no hace sino encubrir los obstáculos que esta complicada obra de ingeniería deberá superar.

   El primero de los obstáculos. lo constituye el fondo del valle, demasiado angosto para el establecimiento de la estación, andenes, vías, edificios de servicio de la estación, viviendas para los trabajadores y alojamiento de viajeros. Esta situación exige erosionar las faldas, ensanchar y rellenar el valle con los materiales extraídos de la perforación del túnel, levantando la estación hasta 13 metros más sobre el antiguo nivel, pero no acaba ahí, también es necesario desviar el río Aragón, canalizar aguas de barranco por debajo de la estación, haciéndolas desembocar en el río, entre otras. 

   Tan magna obra, fue posible gracias a un gran ingeniero y a un constructor resuelto e innovador, pero también a alguien más, sin cuya intervención, semejante fábrica no habría perdurado en el tiempo. El proyecto y dirección inicial se debe al Ingeniero Fernando Ramírez Dampierre, quien planifica cada uno de las intervenciones y movimientos necesarios para su idea, la constructora que lo materializa Obras y Construcciones Hormaeche.

   El paraje de "Los Arañones" -nombre con el que también se conoce a la zona, verá cómo desde cero -además de la estación- se alza un poblado para alojar a los trabajadores, de la que será una de las obras más imponentes de la época. Imponente y difícil, porque la inicial belleza del lugar, no hace sino encubrir los obstáculos, que esta complicada obra de ingeniería deberá superar.

   Tan magna obra, fue posible gracias a un gran ingeniero y a un constructor resuelto e innovador, pero también a alguien más, sin cuya intervención, semejante fábrica no habría perdurado en el tiempo. El proyecto y dirección inicial se debe al Ingeniero Fernando Ramírez Dampierre, quien planifica cada uno de las intervenciones y movimientos necesarios para su idea, la constructora que lo materializa Obras y Construcciones Hormaeche.

   El primero de los obstáculos lo constituye el fondo del valle, demasiado angosto para el establecimiento de la estación, andenes, vías, edificios anexos necesarios y además viviendas para los trabajadores, cantinas, fondas y hospedaje de viajeros. Implica ensanchar el valle, erosionando las faldas, rellenar con los materiales de la perforación del túnel, levantando la estación hasta 13 metros más sobre el antiguo nivel, pero no acaba ahí, es necesario desviar el río Aragón y canalizar aguas de barranco por debajo de la estación, haciéndolas desembocar en el río.

  

implicó desviar el río Aragón, practicar una características mano de obra

      Antes de nada

superada por la complicaciónla belleza del lugar  oculta 

a Illos Aragnones de la percepción de "derechos de rota y porta" como figura en el escudo de Canfranc.

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